Blog del Narco

Vicente Fox liberó al Chapo Guzmán: “El Rey” Zambada García, hermano del “El Mayo" fue quien entregó millones de dólares a Genaro García Luna

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Las instancias de Seguridad Nacional del Gobierno de México no realizaron una investigación de la fuga de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, ocurrida en 2001, consta en los archivos del sistema Infomex del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI). Así, sin pesquisas ni documentación, se desconoce quiénes integraron la red de protección institucional que le permitió salir del penal de Puente Grande, aquella primera vez.

José Antonio Ortega Sánchez, abogado coadyuvante en el proceso del Cardenal Jesús Posadas Ocampo, asesinato adjudicado en principio a Guzmán Loera, habla de una versión de acuerdo con la cual, en esa ocasión, “El Chapo” no se fue en un carrito de lavandería como indicó la información oficial; sino que “le abrieron la puerta”. El litigante se remite a las memorias del General Mario Arturo Acosta Chaparro Escápite –amigo suyo–, quien habría fungido como interlocutor entre el Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa y los líderes de los grupos de la delincuencia organizada.

Más allá del modus operandi, la carencia de una investigación de inteligencia en torno a la primera fuga de “El Chapo”, exhibe que indagar cómo ocurrió el subterfugio jamás fue prioridad para el Gobierno federal; ni para las administraciones del PAN ni para la del PRI que escribe sus nuevos días en el poder. Según un análisis de prospectiva, de haberse realizado una investigación de la primera fuga, la segunda escapatoria hubiera sido más complicada o no habría ocurrido. O acaso, la mortandad por violencia en el sexenio de Felipe Calderón no habría alcanzado el espeluznante número de 121 mil 683.

Más que el dinero, el poder o la expansión de su negocio, para Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, la libertad es el capital más preciado. Quizá, es la motivación que lo mantiene vivo. Su trabajo y existencia los basa en conseguirla, sin que nada falle. No importa el tiempo. Ni las negociaciones. Ni el flujo de billetes. Eso lo dejó muy claro “El Chapo”, cuando entre 2007 y 2008, conversó con el General Mario Arturo Acosta Chaparro Escápite por instrucciones del entonces Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y el aval de quien fuera Secretario de Defensa, Guillermo Galván Galván.

Tenía ya algunos años de fugado y charlaba con generosidad con el militar que contuvo sin halo de piedad a la guerrilla en los años sesenta y setenta. Acosta Chaparro había sido llamado por el Gobierno de Felipe Calderón para pactar con integrantes de los grupos delincuenciales en México; sobre todo los líderes de Los Zetas y el Cártel de Sinaloa. Ante el militar, al “Chapo” le gustaba repetir que en cuestión de dinero, nunca mencionaría cantidades. En cambio, era capaz de hablar de lo que se siente andar por el mundo, trabajando, produciendo, viviendo; libre.

–¿Cuánto te costó la fuga? –preguntaría el General.

–La libertad no tiene precio – diría un “Chapo” entre melancólico y satisfecho.

–Sí pero, ¿cuánto te costó? ¿Mucho dinero?

–El precio lo pagué desde que estaba en Almoloya. El primer paso para mí fue el traslado de Almoloya a Puente Grande

–¿Cómo te escapaste?

–No me escapé. Me abrieron la puerta.

[La conversación la reproduce, José Antonio Ortega Sánchez, amigo del General Mario Arturo Acosta Chaparro (Q.E.P.D) y quien fungió como abogado coadyuvante del Ministerio Público en la investigación del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, perpetrado el 24 de mayo de 1993 y por el cual, fue detenido Joaquín Guzmán Loera en 1994. Ortega Sánchez sostiene que Mario Acosta Chaparro fungió como negociador-interlocutor del Gobierno de Felipe Calderón ante los grupos del narcotráfico. “El Chapo” fue uno de los líderes con los que habló].

El Traidor

De la primera fuga de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, Guzmán, del penal de Puente Grande, Jalisco, no hay evidencia de investigación en las instancias de seguridad y de inteligencia del Gobierno Federal. Si bien, el director del penal, Leonardo Beltrán Santana y 33 custodios fueron detenidos y consignados por ese hecho, hasta ahora se desconoce qué funcionarios del Gobierno federal ayudaron al “Chapo” en el plan para abandonar la prisión.

En aquella primera escapatoria –informada el 19 de enero de 2001– Vicente Fox Quesada (2000-2006) completaba 60 días en la Presidencia de la República y escribía los nuevos tiempos de un gobierno de alternancia partidista. “El Chapo” ya había vivido siete años entre las rejas de dos penales; el de Almoloya de Juárez o La Palma (hoy del Altiplano) y el de Puente Grande, Jalisco.

Si se revisan los mecanismos de Transparencia del Gobierno federal, es difícil saber qué pasó aquella primera vez de “El Chapo”. El 6 de junio de 2007, un ciudadano le solicitó a la Secretaría de Seguridad Pública [hoy incorporada a la Secretaría de Gobernación, cartera a cargo de Miguel Ángel Osorio Chong] copia del “informe final” sobre la fuga ocurrida en 2001. Pidió también los informes presentados por el director y/o subdirector del penal de enero de 2000 a enero de 2001; así como los presentados por el personal del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) adscrito a la cárcel, según aparece en el expediente de la causa penal de los custodios que fueron detenidos cuando escapó Guzmán Loera.

Funcionarios de seguridad por varios sexenios recibieron sobornos para dar protección y dejar pasar los cargamentos de droga por parte de “El Chapo” Guzmán y “El Mayo” Zambada, incluso a altos mandos federales durante el gobierno de Vicente Fox, reveló “Vicentillo” Zambada Niebla a la periodista Anabel Hernández, en su más reciente libro El Traidor.

Jesús “El Rey” Zambada García, hermano del “El Mayo", fue quien entregó tres millones de dólares a funcionarios del Gobierno de Fox, a través del titular de la AFI, Genaro García Luna, para que se nombrara a Norberto Vigueras Beltrán como jefe regional de la AFI en Culiacán, Sinaloa, quien ya estaba “comprado”, según lo manifestó el hijo de “El Mayo”.

En un trabajo de nueve años, la periodista especializada en narcotráfico y corrupción en México, mostró las revelaciones de “El Vicentillo”, actualmente sentenciado a 15 años de prisión en una cárcel de Estados Unidos, en los que se pone de manifiesto la corrupción de la que eran parte comandantes de la policía municipal, estatal y federal, en donde operaba el Cártel de Sinaloa.

El libro relata las actividades del cártel para corromper a funcionarios del más alto nivel y explica, desde la perspectiva de “El Vicentillo”, sus actividades en la organización criminal, así como su vida, que ha estado marcada por las actividades de su familia.

En el libro, el "Vicentillo″ se retrata a sí mismo como un payaso, “tras las rejas y triste”, de ahí la imagen de la portada que lo muestra preso desde el Metropolitan Correction Center en Chicago, además analiza su papel en el cártel y las traiciones de parte sus allegados, a quienes les confío incluso su vida.

La periodista describe el sistema de pagos mensuales que se hacían a altos funcionarios militares para dejar pasar los cargamentos de droga.

Asimismo revela que incluso la Administración para el Control de Drogas estadounidense (DEA) sabía las actividades de los líderes del cártel de Sinaloa, quienes les entregaron información para entregar a capos rivales, entre ellos a Francisco Arellano Félix y Arturo Betlán Leyva (acribillado durante un enfrentamiento con marinos de la Armada de México en diciembre de 2009, dentro de un lujoso inmueble en Cuernavaca, Morelos).

Si ya con su libro anterior Los Señores del narco, Anabel Hernández había develado los nombres de todos quienes hacían posible la operación de estos cárteles de la droga, en este nuevo libro El Traidor, da a conocer los secretos de el hijo de “El Mayo”, Vicente Zambada Niebla alias “El Vicentillo”.

Todo a través del diario personal de Zambada Niebla y de lo que él le contó durante sus entrevistas en enero de 2011. Asimismo, aparece otro personaje fundamental: Fernando Gaxiola, abogado de Vicente Zambada Niebla.

Tras ser diagnosticado con un cáncer terminal, Gaxiola se reunió varias veces con Anabel Hernández y fue el vínculo entre “El Vicentillo” y la periodista para dar a conocer su verdad sobre el funcionamiento de la organización criminal que abarca a una minuciosa red de complicidad entre funcionarios y hasta empresarios.

En una de las páginas del libro, la periodista refiere que, según las palabras de “El Mayo” Zambada: “Con suficiente dinero todo se puede. El gobierno siempre va a tener más balas, no vale la pena pelarse con ellos” y refuerza este método de corrupción aseverando que “el 99 % de policías son corruptos, no ha existido alguno que no reciba dinero”, al asegurar que le pagaban a autoridades municipales, estatales y federales.

Además, Hernández detalla, con documentos, cuáles son las empresas que ha creado “El Mayo” y con las cuales el gobierno, incluso hoy, aún tiene contratos vigentes.
 

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